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RÍO NEGRO: EL AUTOMOVILISMO EN LA CORDILLERA Y LAS HISTORIAS DE HOMBRES DE FIERROS

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CARLOS BASSO EL NAVEGANTE DEL  “FLACO” ANÍBAL EGGERS


(L42) El Bolsón 16/09/2020.- Carlos Basso nació en el 53 en San C. de Bariloche y se afincó en El Bolsón. En la historia de “los fierros” del automovilismo cordillerano, fue el navegante que más acompañó al histórico piloto barilochense, Aníbal “Flaco” Eggers. Campeón de navegantes el año en que el “Flaco” ganó el Gran Premio de 1982, cuando la ciudad de Bariloche recibió a la élite mundial de rally. Casado con Cecilia Mortensen, es padre de seis hijos, Carlos Manuel, Claudia, Ricardo, Belén, Camila y Sofía. 


El “Gordo Basso”, como lo conoce la sociedad bolsonesa, nació el 24 de mayo de 1953, hijo de Héctor Luis Basso y Lilia Herrera e integrante de una familia numerosa. Su infancia la pasó junto a sus hermanos María, José Luis, Helena, Domingo y Héctor. 

Cursó el colegio primario en Cholila y culminó sus estudios en la escuela del Mallín, el colegio secundario lo cursó hasta quinto año en la Escuela Nacional de Educación Técnica 1, Jorge Newbery, momento en el cual comenzó a trabajar de chofer en los micros de Santiago, los cuales se trasladaban desde Blest a Laguna Frías, luego pasó por Peñimel y Catedral Turismo.



SUS COMIENZOS  

Dueño de una sonrisa casi permanente, Carlos Basso cuenta que “desde chico jugábamos a la pelota, cuando estaba en la secundaria tenía un compañero de apellido Espinosa y comenzamos a andar en bicicleta y empecé a competir cuando se creó el pedal Club 9 de Julio, siempre fui amante del deporte en general. Jugábamos al fútbol con Bocha, el Negro y el Botón Burini, Oscar Melgarejo, el Gringo Daniel, este deporte siempre lo hice en Boca, pero siempre fui amante desde chico de varias disciplinas”.

LOS FIERROS

Cuenta Basso que “cuando mis padres llegan a Bariloche y se instalan donde era la parrilla la Estancia y a metros tenía su taller mecánico el Flaco Aníbal Eggers, yo yendo a la ENET estaba todo el día metido allí, conmigo siempre fue muy generoso con sus conocimientos y la verdad es que desde el comienzo es como que pegamos buena onda y comencé poco a poco a aprender todo lo que él me enseñaba y a apasionarme con este deporte”.



DEBUT Y TRIUNFO

Carlos Basso recuerda que “en el año 70 y 71 comencé a acompañar a Aníbal Eggers que viajaba a correr al Valle en la pista, en ese grupo estaba Carlos Conegli, la familia Minor. Un día,  creo que era 1971, me da la oportunidad de subirme con él, fue en una competencia que se hacía en la Costanera, que siempre convocaba a mucha gente. Íbamos ganando por bastante distancia, y volcamos en la subida del Centro Cívico. Pero como íbamos punteros por bastante margen, la gente nos dio vuelta y seguimos y el Flaco ganó la carrera”.

EL VUELCO EN EL PASO A NIVEL

Con una memoria envidiable, Carlos Basso recuerda que “en 1971, Aníbal le compra un Renault Gordini a Polón Beveraggi y salimos a probarlo camino al río Limay. Yo iba adelante con Gustavo Ezquerra y Aníbal iba atrás, con José Luis Minor. Antes de ingresar al paso a nivel, mordieron una alcantarilla y volcaron. Aníbal casi se desnucó y ese accidente. Le produjo un estiramiento de las cuerdas vocales por el cual comenzó a quedar afónico”.

LA VICTORIA EN EL GRAN PREMIO DEL 82

En su recorrida por la historia, Basso recuerda que al Flaco “Aníbal le gustaba más la pista que el rally. Y fuimos a correr en 1976, fue mi debut, en el rally. En 1982 seguimos todo el certamen con un Fiat 128 que preparó la Peña de Taxistas, ese año sobraban colaboradores. Fue increíble el apoyo de la gente. Salimos segundos en San Luis y en Tucumán, y en la Vuelta de la Manzana nos quedamos. Ese año fue uno de los mejores en el certamen de navegantes. Yo salí campeón y el Flaco en el campeonato de pilotos, fue subcampeón. Luego comenzó a correr con Flavio Galindo y allí arranca Edgardo que andaba con nosotros y que luego fue el más profesional de todos los navegantes”.

 
LAS MIL HISTORIAS CON EGGERS

Basso dice que “le debo todo al Flaco, todo lo que me gusta del automovilismo, se lo debo a él. Era de personalidad tajante: o te quería o te ignoraba. La amistad nuestra fue creciendo conforme pasaron los años. Había veces que lo acompañaba y no hablaba. Había carreras que eran dos días de viaje. Y si no había comida no comíamos. Dormíamos adentro del auto. Mucha gente le debe esa  sapiencia al Flaco Eggers. Por ejemplo, cuando yo corro mi última competencia en el 2000. Habían muchos pilotos peleando el campeonato. Eggers me prepara un auto. Fui y gané, bajé a todos los candidatos, sabía y entendía todo y no tenía reparos en enseñar y dar”.

LO QUE EL DEPORTE DEJÓ

Carlos Basso es agradecido con todo lo que le pasó y en gran parte del relato lo manifiesta. “El automovilismo me dejó todo y es todo para mí. Muchos amigos y recuerdos. Yo creo que el deporte para cualquier persona es un cable a tierra. Tuve la fortuna de hacerlo sin dinero cuando ese deporte sin dinero es imposible. Siempre fue laburando. Podía vivir con mi sueldo y lo pude hacer. Estoy convencido que si tenés ganas de hacer algo, lo vas a lograr. Todo es sacrificado, pero siempre las cosas se logran. Mi vida fue así y no me arrepiento de nada. Es complicado arrepentirse de las cosas que se hacen en el deporte. Hoy llego si voy a alguna carrera, muchos de la vieja época te saludan y te ponés a hablar de carreras que recuerda mucha gente”.



             FOTO: Con su hijo mayor, Carlos Basso (H) con quien comparte la pasión del automovilismo

HISTORIAS Y MÁS HISTORIAS

“Bariloche siempre fue fierrero y eso lo demostraron los fanáticos cuando hay competencias cuando ves al costado de la ruta, de cada trazado. Antes, en Bariloche se hacían carreras en el Campo Lera. Recuerdo que el primer Chevrolet Rally Sport lo trajo el papá de Raúl Valdéz. Un día de carreras lo fue a mostrar y el Negro Torrontegui se lo lleva puesto, le rompió todo al auto”.

ANÉCDOTA

La buena memoria de Basso lo lleva una historia del papá de Carlos y Eduardo Bravo: “Íbamos con el Flaco Eggers a probar un 128, camino al circuito ‘Gran Lago’ que quedaba en Dina Huapi. En eso llega Raúl Bravo, el papá de Carlos y Eduardo, con todos sus hijos en un Peugeot, que se iban a tomar unos mates a Santa María. Insistimos para que diera una vueltita. Bajó a todos los chicos del coche y se dio una vuelta. En una de las curvas, donde está El Milagro, enganchó el pavimento y volcó. Sus hijos estaban muy enojados. Dentro del auto estaba la torta para el mate. Entre todos la armaron, se subieron al auto y se fueron con rumbo a Santa María a tomar los mates, con la torta bastante revolcada”, recuerda.




M. L./ ElCordillerano 

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